La nube se multiplica y las empresas pierden el control en un entorno multinube


 

Gran cantidad de empresas trasladaron parte de sus operaciones a “la nube” y ya no es una novedad que una compañía guarde sus archivos o corra sus programas en servidores remotos en lugar de tenerlos en una computadora física en la oficina. Sin embargo, lo que comenzó como una promesa de velocidad y ahorro se ha convertido, para muchos, en un laberinto tecnológico difícil de controlar.

El problema no es el uso de la tecnología en sí, sino la forma en que se ha adoptado. Muchas organizaciones operan hoy lo que se conoce como un ambiente “híbrido” o “multinube”. Esto significa que utilizan servicios de diferentes proveedores (como Amazon, Google o Microsoft) al mismo tiempo que mantienen sus propios servidores físicos.

“Esta estructura suele nacer de modo casi accidental, sin un plan o una estrategia: un equipo de trabajo contrata un servicio por aquí, otro departamento compra otro por allá, y, finalmente, la compañía termina con un rompecabezas de piezas que no encajan entre sí”, describe Francisco Montesinos, gerente regional comercial de GBM.

Esta fragmentación genera problemas críticos que afectan el día a día de los negocios. El más común es que los gastos se descontrolan, porque la nube es flexible y fácil de usar, pero esas mismas características que la hacen atractiva son las que simplifican el gasto excesivo. Con la llegada de la inteligencia artificial, los costos pueden dispararse más rápido de lo que las organizaciones pueden supervisar.

Por otro lado, la multinube da lugar a una seguridad fragmentada. Imagine que para entrar a su oficina cada puerta tuviera una llave, una clave y un guardia diferente. En el mundo digital pasa lo mismo: cada proveedor posee sus propias reglas de seguridad, lo que dificulta mantener una política de protección coherente en toda la empresa.

Esta especie de rompecabezas que se da en el área de la seguridad se visibiliza también con la totalidad de la información que se maneja día a día. Quienes necesitan esos datos se ven en la situación de lidiar con diferentes herramientas de monitoreo, una para los costos, otra para la seguridad, otra para las redes.

Resultado: terminan mirando muchas pantallas, pero con el riesgo de no comprender cabalmente qué es lo que está sucediendo con el cuadro general.

Esto empeora si tenemos en cuenta que cada plataforma requiere conocimientos muy específicos y, como los equipos de informática no son infinitos, cada nueva tecnología que se suma implica un costo oculto en tiempo y capacitación que muchas veces no se prevé en los contratos.

Al final del día, la operación total de la organización queda dispersa. Pero el problema no es la cantidad de nubes, sino la falta de un diseño central para administrarlas como una sola operación. 

Montesinos explica: “Frente a este escenario, lo que proponemos no es elegir una sola nube y descartar las demás, sino construir una base común. En lugar de crear un modelo de seguridad o de gasto para cada proveedor, se diseña una estructura central (llamada técnicamente Landing Zone), una suerte de torre de control única, a la que todas las plataformas se conectan”.

Imagine que su empresa es un edificio en constante crecimiento. En lugar de construir una instalación eléctrica, una red de tuberías y un sistema de seguridad diferente para cada habitación nueva (cada “nube”), usted instala primero una estructura central de servicios. Así, cada vez que decide sumar una nueva herramienta o plataforma, simplemente la conecta a esa base operativa que ya tiene todas las reglas de seguridad, identidad y control de gastos definidas. Esto evita que la tecnología se convierta en una serie de islas aisladas donde cada una funciona con sus propias reglas, lo que normalmente genera confusión y errores.

En este contexto, la inteligencia artificial (IA) juega un doble rol: por un lado, es un motor de crecimiento y una de las principales razones por las que las empresas buscan más capacidad en la nube; por el otro, el uso de esa IA puede hacer que el consumo de recursos crezca mucho más rápido que los controles financieros tradicionales.

El mayor beneficio de tener una operación unificada es que libera tiempo para los equipos técnicos. En lugar de gastar horas apagando incendios operativos o tratando de entender por qué un sistema no dialoga con otro, los especialistas pueden dedicarse a lo que realmente genera valor: convertir a la inteligencia artificial en una herramienta real que mejore la experiencia del cliente.

Mediante el establecimiento de la landing zone, el ahorro no vendrá solo por gastar menos, sino porque se estará haciendo una mejor inversión, eliminando costos que antes estaban ocultos. Cuando cada plataforma tiene su propia factura y modelo de cobro, es casi imposible saber realmente por qué se está gastando. Al centralizar la operación, se puede aplicar una política de control de costos única para toda la organización.

Cada vez que una empresa suma una nueva nube, hay un costo invisible: el tiempo y dinero necesarios para que el personal aprenda a usarla, protegerla y monitorearla. Con una base común, el equipo solo necesita aprender un modelo operativo, reduciendo la complejidad de multiplicar conocimientos por cada proveedor nuevo. “Además, una arquitectura bien diseñada permite decidir qué información debe estar en un servidor físico propio y cuál en la nube, basándose en lo que sea más eficiente y económico para cada tarea específica, en lugar de mover todo a ciegas”, indicó el experto de GBM.

El valor de estas soluciones no es solo tecnológico, sino estratégico. Para un director general, lo importante no es saber si sus datos están en un servidor u otro, sino que su sistema de ventas siempre funcione, que los datos de sus clientes estén protegidos y que el negocio pueda crecer.

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